U-Boat Argentina

Este blog tiene como objetivo describir hechos históricos. Bajo ningún concepto se tratan temas políticos. La aparición de cualquier imagen o fotografía relacionada a regímenes totalitarios es puramente ilustrativa y relacionada a temas históricos tocados en el sitio.

Torpedos de un U-boot para el tanquero argentino Victoria

La Cia. Argentina de Navegación Mihanovich Ltda., cuyo director era Alberto Dodero, adquirió en noviembre de 1941 el flamante buque tanque de 7.417 toneladas “Carlantic”, ensamblado por la Cargill Inc, Albany de New York.

Victoria. Uboat.net
El 16 de diciembre de 1941, el “Victoria” dejó el puerto de Nueva York. En la capital de Argentina descargó el petróleo que rellenaban sus bodegas y luego remontó los ríos interiores para dirigirse a Rosario. La ductilidad de sus bodegas le permitió cargar lino que sería exportado en su viaje de regreso a los Estados Unidos. A cada lado des casco llevaba pintadas grandes banderas argentinas y la leyenda Buenos Aires, para que cualquier corsario del Eje se abstuviera de echarlo a pique…
El Orden 21 de abril de 1942
Una hora más tarde, a la 1:45 AM, Schnee disparó otro torpedo G7e para dar el golpe de gracia al buque cisterna, que estalló también a babor entre el puente la torre posterior de cubierta. Finalmente el U-201 salió a la superficie. El comandante había observado luces débiles en la nave antes del ataque, pero, como hemos mencionado, no pudo ver las marcas de neutralidad a través del periscopio y solo las notó después de emerger. Inmediatamente informó de su error al BdU. Schnee alegó en su bitácora que creía que trataba de un buque camuflado de El Salvador, y no así una nave neutral de Argentina. De todas formas a las 06:35 AM el BdU le ordenó retirarse hacia el sur y no volver a atacar.

La tripulación argentina abandonó el barco después del segundo impacto a bordo de dos botes salvavidas. Poco después fueron separados por el viento en la oscuridad. 

La señal de socorro emitida por los argentinos fue recogida por el dragaminas “USS Owl”, que siete horas después del ataque se colocó junto al “Victoria”, que se negaba a desaparecer bajo las olas. 

A pesar de los dos grandes agujeros a babor, la nave lucía con posibilidades de ser salvada. Los estadounidenses enviaron ocho hombres a bordo del tanquero argentino y trabajaron todo el día para arrancar los motores diesel, pero las mareas altas impidieron que un ingeniero pudiera ser trasladado durante la tarde. En consecuencia, los hombres tuvieron que permanecer a bordo la noche siguiente.


El Litoral 23 de abril de 1942

El “Victoria” finalmente llegó a Nueva York el 21 de abril. El torpedeamiento no se conoció de inmediato, y por algunos días hubo algo de confusión. Pasado el 22 de abril no quedaba ya duda alguna de que los dos grandes boquetes que tenía en el casco habían sido hechos por torpedos alemanes. Argentina ordenó una investigación y protestó ante los diplomáticos acreditados en Buenos Aires. 

Para mediados de 1942 las relaciones entre Argentina y Estados Unidos estaban en su peor momento. Castillo y Ruiz Guiñazú habían reusado pocos meses antes, durante la conferencia de Río de Janeiro, seguir a las demás naciones americanas en el rompimiento de relaciones con las potencias del Eje. El “Victoria” fue reparado en Nueva York, pero ya no navegó con pabellón argentino. A cambio de las costosísimas reparaciones, Estados Unidos requisó la nave y fue puesta bajo pabellón panameño y rebautizado “Culpepper”. 

Una cláusula en el boleto de compra permitió al gobierno de los Estados Unidos rescatar el buque, rescate justificado en parte por haber contribuido a su salvataje, y luego por las largas reparaciones que no hubieran podido ejecutarse en nuestro país. 

La compañía Mihanovich realizó reclamaciones al Reich que fueron satisfechas al final de la guerra, cuando Argentina era ya una nación beligerante y había confiscado cuantiosos vienes a los alemanes.

El informe final que figura al pie de la bitácora de la sexta patrulla del U-201, justifica el torpedeamiento del neutral "Victoria" alegando su deficiente pintura de aviso... Pero también nos dice que al momento de lanzar el primer torpedo la nave alemana se hallaba a 600 metros del tanquero.
A pesar de que este documento demostraba que los alemanes sabían de su error, tardaron dos meses en reconocerlo ante las autoridades argentinas; pocos días después el U-202 hundió al "Río Tercero".

Importante artículo publicado en el diario El Litoral el 24 de abril de 1942.


El Litoral 22 de abril de 1942



Fuentes:
El Litoral
El Orden
Uboat.net
AMRE
KTB 6ta patrulla del U-201
FdU / BdU KTB
Histamar










El hundimiento del vapor argentino Río Tercero

El 22 de junio de 1942 se produjo un hecho que daría mucho que hablar en Argentina. Pasados treinta y cuatro minutos de la medianoche, el solitario vapor “Río Tercero”, perteneciente a la Flota Mercante del Estado (argentino), estalló 120 millas al sudeste del puerto de Nueva York, el que había dejado doce horas antes cargado con 3.500 toneladas de mercaderías. El responsable de la catástrofe había sido uno de los tres torpedos lanzados por un furtivo submarino alemán.
Rápidamente la nave neutral de 4.864 toneladas se fue a pique, llevándose consigo a cinco marineros de nacionalidad argentina. Según los diarios de la época, ellos eran: Clemente Alvarez, Roberto Emilio Giménez, Luis Protto, Angel Elfi y Justino José Aguilar.


El capitán Luis Scalese y treinta y nueve tripulantes quedaron flotando a la deriva en los botes salvavidas. Fue entonces cuando los marinos argentinos supieron la causa de la explosión que los había hecho naufragar. No muy lejos de ellos emergió la inconfundible silueta de un submarino alemán que de inmediato se acercó a los botes. Según las declaraciones de los sobrevivientes, el sumergible llevaba inscripto en la torreta un número y la leyenda “Innsbruck”. 
39° 15'N, 72° 32'W – Grilla de la Kriegsmarine CA 5651
Para evitar represalias, el capitán Scalese dijo a los alemanes que no había pedido auxilio por radio y que no llevaba con él el libro de navegación. Ambas cosas eran falsas. El comandante argentino fue subido a bordo del submarino e interrogado hasta que entregó su libro. Los alemanes se alejaron entonces, pero poco rato después estaban de vuelta; apuntaban a los argentinos amenazadoramente con las ametralladoras de la torreta. Tal vez se propusieran borrar la evidencia de su infortunado error. Fue en ese momento cuando un salvador bombardero estadounidense, alertado por el SOS emitido por el radiotelegrafista del “Río Tercero”, arrojó cuatro cargas muy cerca del casco del lobo gris, haciéndolo sumergir de inmediato.

El capitán Scalese justo en el centro
Al día siguiente, para indignación de la opinión pública del país neutral, los diarios argentinos y el ministerio de Relaciones Exteriores daban a conocer la trágica noticia y achacaban el hundimiento al submarino “Innsbruck”. En realidad se trataba del U-202, sumergible del tipo VII C, que llevaba pintado el escudo de armas de esa ciudad en su torreta. Lo del número visto en junto a la inscripción es un enigma, ya que en tiempos de guerra estas naves no llevaban dicha identificación. El comandante de la nave era el entonces Kapitänleutnant Hans-Heinz Linder, experimentado oficial de la Kriegsmarine que se hallaba en su sexta patrulla de guerra, y que había navegado en 1940 en el legendario U-96 de Heinrich Lehmann-Willenbrock. Resulta extraño que Linder haya cometido un error de tal magnitud.

Diario El Litoral, 23
de junio de 1942

El U-202 había sido elegido por el alto mando de la Kriegsmarine para una operación muy especial. Linder partió de Brest, norte de Francia, el 29 de mayo de 1942. Llevaba a bordo un cargamente muy especial, cuatro espías que desembarcó la madrugada del 13 de junio en Long Island. George Dasch, Heinrich Heinck, Richard Quirin y Ernst Burger formaban parte de la Operación Pastorius. Junto a otros cuatro agentes que desembarcó el U-584 debían llevar adelante acciones de sabotaje. Muy pronto fueron capturados por el FBI.

El 21 de junio, el comando de sumergibles asignó al U-202 y al U-584 la zona de patrullaje CA 79.

Luego de torpedear al “Río Tercero”, tal como hemos narrado, Linder transmitió el siguiente mensaje que quedó registrado en el diario de guerra del mando de sumergible: “Situación U 202: no hay tráfico cerca de la costa. Actividad aérea media, sin patrulla marítima. 22.6 hundido: vapor argentino "Río Tercero" ex- Fortunstella (4.864 BRT), sin bandera o marcas de neutralidad. Servicio de transporte de Nueva York a Buenos Aires.”

Efectivamente, el “Río Tercero” era el ex buque italiano "Fortunstella", internado en 1940 en Necochea y comprado finalmente por la flota mercante argentina. Había sido construido en 1912 en Liverpool, y mientras sirvió a la corona británica tuvo el nombre de “Eboe”.

Linder, por su parte, alegó en su mensaje de radio a sus jefes que su error se debía a que la nave argentina no llevaba marcas distintivas; algo que desmienten las últimas fotografías del vapor mercante. El día posterior al hundimiento el U-202 completó la información: “El vapor estaba navegando en un curso de 135°, no lo hacía en zig-zag. Buena visibilidad, horizonte brumoso. La identidad del barco se descubrió después de que fuera hundido, por declaraciones del Capitán. El vapor navegaba sin marcas.”

En este segundo mensaje Linder declaró que la bruma pudo jugarle una mala pasada, aunque insistió con la falta de marcas de neutralidad. También corroboró la historia de que el capitán argentino Scalese fue interrogado a bordo del U-202.

Aquella sería la última misión de Linder como oficial comandante. Al regresar a Brest fue removido del comando del U-202. De todas formas, en 1944 fue ascendido a Korvettenkapitän y ocupó hasta ese años distintos puestos en la fuerzas de sumergibles. El 10 de septiembre de 1944 murió en un ataque aéreo de los soviéticos.

Río Tercero. Uboat.net

Diario El Orden, 23 de junio de 1942

Fuentes de Información
Diario El Orden
Diario El Litoral
FdU Kriegstagebücher

Segunda Guerra Mundial: FBI desclasificó archivos sobre contrainteligencia en Sudamérica

En junio de 1940, el FBI creó el Special Intelligence Service (SIS – Servicio Especial de Inteligencia) para realizar inteligencia en el Hemisferio Occidental. Especialmente debía ser un servicio de contrainteligencia destinado a desenmascarar las actividades nazis. En 1947, luego de la guerra, una gran recopilación de este programa fue escrito por la oficina federal, siendo recientemente desclasificados sus ocho volúmenes. En ellos se incluye la actividad del SIS en todos los países donde operó.

Clásica esquina de la city porteña,
central del SIS en Argentina
En el caso de la República Argentina, podríamos decir que nada novedoso se ha agregado sobre la historia del espionaje desarrollado por los alemanes en la época del gran conflicto. De hecho existen en ese último país frondosos expedientes judiciales sobre las actividades nazis que son mucho más detallados y extensos. Gracias a los mencionados archivos, en el año 2015 se publicó en Argentina y España el libro "Nazis en las sombras", que relató pormenorizadamente la impresionante historia del espionaje alemán en Argentina antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
Lo publicado por el FBI es apenas un resumen de cuarenta y siete páginas.

De todas formas, el FBI nos otorgó algunos detalles interesantes y novedosos sobre el SIS. Algunos se mantenían en secreto o que apenas se conocían: Dicha servicio inició formalmente sus actividades en Argentina el 25 de septiembre de 1940, con el envío del primer agente encubierto. En los años siguientes, especialmente luego de que Brasil ingresara en la guerra y los espías nazis fueran diezmados en ese país, Argentina ocupó el primer lugar en importancia para el SIS en Latinoamérica, ya que contaba con cincuenta y un agentes designados a esa nación en el año 1943. Para 1946 apenas quedaban diez agentes.

Esquema que muestra el sistema de radiotelégrafos clandestinos de la Orga-T. Extrañamente su ingeniero líder. Wolf Franczok, aparece con su nombre falso de Gustav Utzinger

Desgraciadamente, el FBI continúa considerando un secreto de Estado el nombre de cada uno de los agentes estadounidenses, tanto encubiertos como oficiales, que operaron en la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. Los gruesos volúmenes llevan censurados cada de los espacios donde figuran los nombres de espías diseminados por cualquier país del mundo.

La base de operaciones del SIS estaba en el noveno piso del edificio del Banco de Boston, junto a otras oficinas de la Embajada de Estados Unidos, en la esquina de la Avenida Roque Sáenz Peña y las calles Florida y Bartolomé Mitre, en la city financiera de la ciudad de Buenos Aires.


Esquema del SIS del FBI que muestra el tráfico de materiales valiosos a pequeña escala llevada a cabo por el servicio de espionaje alemán desde el puerto de Buenos Aires. Tal como menciona el libro "Nazis en las sombras", Eugenio Hans Frank Langer fue uno de los agentes alemanes más destacados en esta materia

También podemos mencionar como algo novedoso un brevísimo resumen de pocas páginas sobre un insipiente servicio de espionaje de los japoneses en Buenos Aires. El mismo estaba a cargo de Tomiya Koseki y Shozo Murai. Sobre las actividades italianas, se las describe como fútiles y casi inexistentes.

Esquema que muestra los primero años del espionaje en Argentina, antes de 1943. Hasta 1942 se utilizó la red de telégrafos clandestinos de Brasil y las redes allí establecidas para el enlace con Alemania. 
Esquema de espionaje posterior a 1943. Siegfried Becker, su jefe y capitán de las SS, "fue uno de los agentes más importantes de todo el Hemisferio Occidental", decían los americanos.
Actividades fascistas italianas en Argentina según el SIS del FBI



Uno de los circuitos de radio que existieron y operaron los alemanes en Brasil hasta 1942.


Espionaje en Chile

Espionaje en Cuba


Graf Spee; a setenta y ocho años

El 13 diciembre pasado se cumplieron setenta y ocho años de la ya mítica batalla del Río de la Plata.
En las inmediaciones de Punta del Este, la mañana de aquel lejano día, el acorazado de "bolsillo" Admiral Graf Spee se enfrentó a los cruceros británicos Ajax, Achilles y Exeter.
Podríamos decir que el resultado de la batalla y el final del buque germano es una historia narrada muchas veces. Por el contrario, sobre la internación de los tripulantes en Argentina, sus andanzas  y sus fugas de regreso a Alemania todavía queda bastante por contar.


El e-book "Tripulantes del Graf Spee; fuga de oficiales, suboficiales y marinos desde la Argentina" presenta un detallado estudio de las más de ciento treinta fugas y la posterior actuación de los tripulantes evadidos en la guerra. Cada marino se presenta con su fotografía, rango e historial, de acuerdo a los archivos argentinos y alemanes. Más de ciento cuarenta imágenes de excelente calidad y gran valor histórico.





Recorte del diario Noticias Gráficas sobre un marino fugado y escondido en Resistencia


Reporte de la batalla desde Montevideo despachado el día 14/12/1939


Infografía publicada en diarios de época sobre el derrotero del Graf Spee y sus presas


Conversos y fanáticos

Por Omar López Mato*

Desde el comienzo de su carrera política, Hitler estuvo rodeado de médicos; el más cercano de ellos fue Gerhard Wagner (1888-1939), su médico personal, aunque a finales del régimen, Hitler fue atendido por Theo Morell. Wagner fue el ideólogo del programa de eutanasia. A su muerte, fue reemplazado por Leonardo Conti (1900-1945) y luego secundado por Karl Brandt. 
Ernst Robert Grawitz (1899-1945) era el médico en jefe de la SS y Joachim Mrugowsky (1905-1948) era la cabeza del Instituto de Higiene e introductor del Zyklon-B, el gas que puso fin a la vida de millones de condenados a morir en las cámaras de los campos de concentración. 
Así, podría seguir la lista que comprometió a cientos de médicos, pero prefiero detenerme en un actor fundamental de este proceso de asesinato masivo que, a su vez, ofrece un ejemplo de la esquizofrenia establecida en los campos de matanza donde, entre el horror rutinario, subsistían aún atisbos de humanidad.
El nombre Joseph Mengele (1911-1979) ha sido extensamente difundido hasta convertirlo en un símbolo de la perversión médica, quizás porque Mengele escapó del juicio de Núremberg, circunstancia que supone una habilidad y una importancia que los demás médicos juzgados no parecieron tener. En realidad, Mengele fue un artífice secundario (pero vehemente) de las órdenes que recibía, porque estaba convencido de su tarea. Sin embargo, hubo otros médicos tanto o más buscados que él y que también lograron escapar de la Justicia (aunque haya versiones que los sindican apresados y ejecutados por cazadores de nazis). 
Nos referimos a Aribert Heim (1914-1992), jefe médico de la SS en el campo de Mauthausen-Gusen, apodado “Doctor Muerte” por los prisioneros judíos o “El Banderillero”, como lo llamaban los españoles prisioneros en ese campo. Se caracterizaba por matar a sus víctimas con inyecciones de fenol directas al corazón o de distintos venenos. A pesar de ser tomado prisionero por los Aliados, la confusión después del conflicto fue tal que nada se supo de sus barbaridades hasta el año 1962, cuando la policía austríaca reunió suficientes testimonios para apresarlo. 
Heim huyó a América Latina y su figura se diluyó. Se dijo que estuvo en Paysandú y que, de allí, se escapó cuando el Mossad estuvo a punto de atraparlo. Al parecer, también estuvo en Chile (donde vivía una de sus hijas), en España y en Dinamarca. En 2007, un exintegrante de la Fuerza Aérea israelí, Dany C. Baz, confesó que un grupo de tareas antinazi apodado “El Búho” secuestró y ajustició a Heim en California en la década de 1990. El centro Simon Wiesenthal desautorizó esta versión. La familia afirma que Aribert Heim murió en 1993 en Argentina, aunque nunca se pudo demostrar ni certificar su defunción.

Retrato de Josef Mengele, se trata de la fotografía que obra en su prontuario, 1959.
AGN. Departamento Documentos Escritos. Fondo Nazis en Argentina. Sala VII. Legajo 3772, folio 77.
El otro médico buscado y jamás hallado fue Alois Brunner, nacido en 1912 y desaparecido su rastro en 1996. Brunner actuó bajo las órdenes directas de Adolf Eichmann (1906-1962) y se lo considera responsable directo de la muerte de 12.800 personas. En 1961, perdió un ojo por el estallido de un sobre-bomba enviado por la inteligencia francesa y tres dedos por otro enviado, esta vez, por el Mossad. Huyó a Siria y allí fue entrevistado telefónicamente por la revista Bunte, ante la cual declaró su falta de arrepentimiento. Posteriormente, en una entrevista del Chicago Sun Times, dijo que “los judíos merecían morir” y que, si tuviese la oportunidad, haría lo mismo. Desde 1987, se carecen de datos sobre su paradero, por lo que el centro Simon Wiesenthal lo dio por muerto. Este fue el último médico nazi al que no se ha podido encontrar.
Volviendo a Mengele, se hizo famoso entre los internos por la convicción con la que cometía sus desmanes. La posibilidad de sortear su búsqueda por años lo convirtió en leyenda. El haber contado con el apoyo de jerarcas de varios países para cubrir su escape le ha creado un halo de invulnerabilidad.
Aribert Heim
Desde el punto de vista psicológico, que haya sido un psicópata el jefe omnímodo de los campos de exterminio es una idea que se puede tolerar pero, cuando uno se percata de que fueron miles las personas que se lanzaron a prácticas aberrantes, el problema se torna en algo más grave. ¿Cómo es que la elite profesional de un pueblo culto como el alemán se dispuso a esta locura? Muchos de los que conocieron a Mengele reconocieron que era un profesional capaz y, en su caso, se trataba de una persona de buenos modales y siempre elegantemente vestida. Hasta sus víctimas hablaban de su corrección. Una y otra vez nos viene a la memoria la imagen de La Caída de los Dioses (1), los jerarcas nazis emocionados escuchando a Wagner. La idea resulta escalofriante porque entonces la locura perpetrada por personas supuestamente normales se puede repetir; especialmente, si “olvidamos”, minimizamos o “justificamos” las aberraciones. Como lo ha dicho Winston Churchill: “Me gustaría vivir cien años para ver cómo la gente comete los mismo errores”. La función de la historia es mantener vivo el recuerdo de los errores.
Mengele no solo era médico, tenía además un título de antropólogo y había estudiado filosofía. Su brutalidad estaba protegida por un manto pseudocientífico y una justificación ideológica. Fue un extremo del espectro convencido de sus ideales, pero hubo también otros médicos ambivalentes, dubitativos, que abrazaron la ideología y respetaron órdenes terribles con dudas y sentimientos encontrados. Fue la enorme mayoría.


1. El título original es La caduta degli dei (Götterdämmerung). Es una película de 1969, dirigida por Luchino Visconti y considerada la primera de sus películas descriptas como “La trilogía alemana”, junto con Muerte en Venecia (1971) y Ludwig (1972). En estas películas, Visconti analiza el ascenso del nazismo en la Alemania de Weimar y sus desastrosos efectos en una familia aristocrática.

* Es Médico, escritor e investigador de historia y de arte. Autor de más de 20 libros sobre temas históricos. Es columnista del diario La Prensa y colabora para diversos medios gráficos y televisivos. Conduce, junto a Emilio Perina,Tenemos Historia por Radio Concepto (FM 95.9). El texto de este artículo pertenece al capítulo homónimo del libro Ciencia y mitos en la Alemania de Hitler (Vergara, 2016). También apareció en la Revista Legado N° 7 y se reproduce en este blog con la expresa autorización de sus autores.

La Segunda Guerra Mundial en ambas orillas del Atlántico

Segunda Guerra Mundial. 10 historias apasionantes


La Segunda Guerra Mundial es indudablemente una de las grandes pasiones para quienes visitan regularmente este blog. Qué mejor propuesta de lectura veraniega (sudamericana) que este ágil y novedoso libro que los amigos Pere Cardona y Laureano Clavero acaban de publicar en España a través de Ediciones Oblicuas

He tenido el gusto de colaborar con los autores en la investigación, especialmente aportando documentos en lo que refiere a las andanzas de sumergibles alemanes en las costas argentinas. 

Enhorabuena Laureano y Pere. Desde ya recomendamos la lectura del libro.

Sinópsis:
Misterios, enigmas e historias de vidas reales componen estas diez investigaciones sobre la Segunda Guerra Mundial. Conoceremos cómo la mafia a ayudó al gobierno americano a ganar la guerra, los movimientos de espías nazis en la costa argentina, algunos intentos de fuga del famoso Castillo de Colditz, las aventuras de un partisano croata perseguido por los servicios secretos de su país, la misteriosa carga que llevaba a bordo un submarino alemán que prefirió rendirse a los americanos o la historia de Peter Brill, el piloto alemán entrenado en secreto para bombardear Nueva York, entre otras ciudades. Acompaña a los autores a través de un viaje apasionante que te permitirá conocer una Segunda Guerra Mundial diferente a la narrada en los libros de historia.


Las diez historias:

1. El soldado alemán desconocido
2. Peter Brill, el hombre que iba a bombardera New York
3. Las obras de arte
4. La mafia durante la SGM
5. ¿Cuándo empezó la SGM?
6. La fuga de "Don Juan", el partisano croata
7. Shangri-La
8. Fugas de Colditz
9. Eickenberg y el misterio de los U-boots en Mar del Sur
10. La carga del U-234 y la bomba atómica alemana



Embajada del Reich y residencia del embajador


Julio B. Mutti 
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Hace algunos días tuve la suerte de ser invitado a dar una charla en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. El motivo fue la reciente publicación de mi libro sobre el embajador Eduardo Labougle y su misión en la Alemania de Hitler: "En el ojo del huracán".

Uno de los temas que se tocaron, durante la charla de tres horas, fue la localización exacta que tenía la Embajada de Alemania en Buenos Aires durante los años del nazismo. Debo mencionar que existe alguna confusión sobre este tema.

Edificio del Bco. Germánico, entrada por 25
de Mayo. Centro porteño en la actualidad
En mis libros me gusta mencionar que la sede de la embajada era 25 de Mayo 145 sexto piso, edificio del Banco Germánico. Esto es así, indudablemente, aunque si nos basamos en las guías diplomáticas del Ministerio de Relaciones Exteriores, la entrada oficial era la de Leandro N. Alem 168; el mismo edificio, pero referenciando la entrada que da a la mencionada avenida porteña. La referencia a la entrada por la calle 25 de mayo surge de los cientos de testimonios de los mismos alemanes de aquella época que existen en varios archivos. Por ejemplo, recuerdo en este momento que en las más de dos mil fojas judiciales de la causa contra los espías, todos hicieron referencia “25 de Mayo 145” como el “local” de la embajada. Esto pudo estar sujeto a que un par de piso por debajo de la representación funcionaban varias organizaciones nazis, entre ellas el mismo partido, y es sabido que NSDAP era omnipresente en cada organismo o aspecto de la organización de la comunidad alemana. De todas formas sigue siendo el mismo edificio del Banco Germánico.

La mayor confusión está dada por la enorme casa de la calle Quintana 161, en el hermoso barrio de recoleta, el “Palacio Balcarce”. Muchos libros mencionan como la sede de la embajada este último edificio. En realidad se trata de un error, ya que en realidad la casona fue destinada como residencia del embajador.

Dirección y teléfono de la Embajada de Alemania acreditados en la Cancillería. Guía Diplomática de 1942

En el Archivo del MRE existe una carpeta con varias fojas que ponen bastante claro esta afirmación (*). Se trata del expediente 18/1936, siendo la nota que inicia el expediente un telegrama de Eduardo Labougle de julio de ese año (telegrama cifrado 979 del 15 de julio de 1936). El diplomático argentino informaba a su gobierno que los alemanes solicitaban eximición de impuestos para la futura adquisición de una residencia para su embajador.Thermann había sido "ascendido" durante ese mismo tiempo de ministro a embajador y probablemente quería premiárselo con una nueva y muy espaciosa casa.


Palacio Balcarce en la actualidad
Alemania adquirió el Palacio Balcarce en enero de 1937 por la suma de $300.000 pesos. El 13 de enero, el embajador von Thermann pedía formalmente por nota 4/37 que el Estado argentino eximiera al alemán del pago de los impuestos relacionadas a la transferencia del inmueble y demás impuestos nacionales. El gobierno de Hitler pedía un tratamiento recíproco al recibido, meses antes, por Argentina cuando el Palacio Staudt, donado por el empresario homónimo, pasó a ser sede de la representación argentina en Berlín. Dicha exención fue otorgada por el Ministerio de Hacienda, aunque según consta en el expediente 818/H/1937 de la Administración General de Contribución Territorial de la Nación, el dueño anterior, señor José González Balcarce, fue notificado para cancelar dos cuotas de impuestos adeudadas.
Según el mismo expediente mencionado, la valuación fiscal al momento de la venta era de $520.000 (circunscripción 20, partida 1784).

En todas las fojas del mencionado expediente se aclara que la propiedad se adquiere para uso de residencia del embajador.

Ambos edificios, tanto el del Banco Germánico, sede real de la embajada, como la residencia del embajador en Quintana 161, siguen en pie y en excelentes condiciones de preservación.

En 25 de mayo 145 (o Alem 168) funciona una dependencia del Ministerio del Interior. En Quintana 161 funciona un restaurant y la sede del Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas.

El COFA, en su sitio de internet, nos ilustra un poco sobre la historia del Palacio Balcarce: “La casa fue propiedad del Sr. José González Balcarce y de Dña. Rosa Aguirre Anchorena de Balcarce, quienes iniciaron su construcción en 1913 finalizándola en 1916 bajo proyecto del Arquitecto británico Walter Basset Smith. Su diseño se inscribe en la Arquitectura Ecléctica, en boga en nuestro país entre los años 1880 y 1940 en los que este adquirió su conformación europeizada. Los González Balcarce constituían una familia de nobleza patricia, estando relacionada con el Gral. San Martín, quien fuera padrino de bautismo de Don José Patricio González Balcarce, padre del primer propietario de este solar. Esta casa, aproximadamente 20 años después, fue adquirida a sus primeros propietarios por la República de Alemania para residencia de su Embajador. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Argentina se incautó del edificio. Esta construcción, de estilo Eduardiano se conserva dentro de sus características originales, siendo un reducto de refinado gusto estético, complementado con los adelantos del confort moderno.”


Y hablando de oficiales argentinos de las FFAA, nos cuenta Uki Goñi en su libro “Perón y los Alemanes”: “El 31 de mayo de 1945 (…) funcionarios británicos y estadounidenses fueron invitados a la apertura de la residencia del embajador alemán en la calle Quintana 161 (…) Nosotros ya estuvimos adentro anoche, susurró sorpresivamente uno de los diplomáticos argentinos en el oído de un colega cuando iban entrando en la residencia… Había un fichero que guardaban los alemanes con tarjetas individuales anotando las concurrencias de los visitantes argentinos de la embajada. Noté que habían sido removidas varias tarjetas, obviamente la de los militares argentinos que alguna vez habían sido huéspedes de la embajada”.

Muchos de esos huéspedes gobernaban la Argentina en ese momento, y hubiera sido bastante molesto que se hallaran sus nombres en el fichero mencionado.
Thermann debió retornar a Alemania en febrero de 1942 luego de verse envuelto en un escándalo de espionaje y actividades impropias de un diplomático; algo que narro estensamente en mi libro "Nazis en las sombras". El Tercer Reich ya no tuvo un embajador. Otto Meynen, encargado de negocios y segundo de Thermann, se hizo cargo de la representación. Meynen y su mujer Margret vivían sobre la calle R. de Elizalde.

Con respecto al hermoso edificio del Banco Germánico podemos decir que está ubicado en plena city porteña, justo donde la vieja y angosta calle 25 de mayo se reúne con Bartolomé Mitre, apenas a unos 150 metros de la Casa Rosada. Una edificación prolijamente revestida en granito y piedras calcáreas. El estilo de marcada influencia alemana y un aire art déco son inconfundibles, aunque para los distraídos transeúntes no sea muy diferente a los interminables edificios centenarios del centro de Buenos Aires. El talentoso arquitecto alemán Ernesto Sackmann fue el encargado del proyecto del Banco Germánico, inaugurado finalmente en 1928. El mismo hombre que realizó algunas otras obras características del centro porteño también relacionadas a la comunidad teutona, como el edificio Lahusen o el Banco Transatlántico. Sackmann aprovechó astutamente la barranca donde se hallaba antiguamente el Río de la Plata, dando origen así a un edificio de ocho pisos sobre la calle Alem y uno de cuatro sobre 25 de mayo.

El Banco Germánico apenas ocupó el subsuelo, la planta baja, el primero y el octavo piso. El resto del enorme edificio, rebosante de bronce y provisto de elegantes escaleras con barandas de hierro forjado, sería destinado a oficinas de alquiler. Pero no cualquiera iba a poder rentar una oficina en aquel formidable lugar de más de 1900 metros cuadrados que los alemanes habían levantado en pleno corazón de Buenos Aires. El sexto piso fue prontamente ocupado por la entonces Legación de Alemania. Para el año 1933, el simpatizante nazi y miembro honorífico de las SS, Edmund von Thermann, se hizo cargo de dicha representación. Para ese momento, la legación no había alcanzado el rango de embajada. Desde su amplio despacho, Thermann comenzó cobijar en el edificio a todo tipo de organizaciones alemanas, siempre y cuando respondieran a los preceptos del hitlerismo, por supuesto. Aquella vieja estratagema que abogaba por la unión del partido y el Estado no tardó en manifestarse también en Buenos Aires; el NSDAP, el partido nazi local, pronto se instaló apenas unos metros por debajo del Thermann. El listado de organizaciones alemanas (totalmene dominadas los por los nazis) que funcionaba en 25 de mayo 145 es realmente muy amplio.
 
(*) Agradezco a Marcia Ras, docente UBA, por el trabajo en archivo del MRE.
  




Revista Legado (Archivo General de la Nación). Edición especial sobre el nazismo

La revista Legado, que es editada por el Archivo General de la Nación, acaba de lanzar una edición especial sobre el nazismo en Argentina. En la misma hay dos artículos de mi autoría. También escriben: Daniel Schávelzon, Omar López Mato, Raanan Rein, María Teresa Fuster, entre otros.

La revista puede descargarse en formato PDF haciendo click aquí

Nazis en Argentina
(Por María Teresa Fuster)

Conversos y fanáticos
(Por Omar López Mato)

El joven judío y el cura antisemita: La polémica
entre Carlos Corach y el padre Julio Meinvielle
(Por Raanan Rein)

Los conflictos obreros en la prensa nacionalista:
Itinerarios de un acercamiento ambiguo al mundo
del trabajo
(Por Mariela Rubinzal)

El hombre que lo hizo posible: Rudolf Hepe
Una historia oculta sobre el Graf Spee
(Por Julio B. Mutti)

Papeles en la piedra: Imágenes del Tercer Reich en
el registro material de un sitio arqueológico de la
provincia de Misiones

(Por Daniel Schávelzon y Ana Igareta)

El equilibrista: Eduardo Labougle, embajador
argentino en la Alemania nazi
Nazis en Argentina
(Por Julio B. Mutti)

Fotografía de tapa:
Fascismo en Alemania.
Archivo General de la Nación (Argentina). Departamento
Documentos Fotográficos. Inventario 1631.


Berko

Julio B. Mutti 
© Todos los derechos reservados

Prohibida la reproducción de texto o fotografías sin autorización expresa del autor

Hace muy poco tiempo pude conocer el rostro de uno de los principales espías alemanes que operaron en Argentina durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. El bisnieto de Hans Napp, quien leyó de las andanzas de su pariente en mi libro “Nazis en las sombras”, tuvo la amabilidad de contactarse y, entro otras cosas, aportar su fotografía. Fue realmente importante poner un rostro a la historia de “Berko”, ya que su imagen me resultó esquiva tanto en los registros argentinos como estadounidenses.
Hans "Berko" Napp, varios
años luego de la guerra

Hans Napp, llegado a la Argentina en 1921, fue uno de los primeros espías reclutados por el Abwehr a comienzo de la Segunda Guerra Mundial en ese país. Para 1941, dada la exposición mediática que tenía el jefe del grupo de espionaje, Ottomar Müller, Napp fue designado para crear un nuevo equipo completamente independiente. Una de las especialidades de sus hombres fue el espionaje portuario.

Así, el nuevo grupo de Napp se alojó en unas oficinas de la calle Reconquista 331, en pleno centro porteño, al amparo de una dudosa firma comercial por él creada. DIN (Deustche International Norm).

Los agentes del Abwehr eran dirigidos desde la cercana Embajada de Alemania, más precisamente por el agregado nava capitán Dietrich Niebuhr, el hombre más importante de la organización de espionaje alemana en el Hemisferio Occidental.

Para noviembre de 1942, la caída de las redes de espionaje alemana en Brasil puso en evidencia a los hombres de Napp, quienes terminaron tras las rejas. Incluso Niebuhr, el responsable tras bambalinas, terminó expulsado luego de ser incriminado por los documentos secuestrados en Reconquista 331. La primera etapa del espionaje del Tercer Reich en Argentina había terminado.    

Reconquista 331

Historias de nazis en Villa Ballester; parte II

Julio B. Mutti 
© Todos los derechos reservados

Prohibida la reproducción de texto o fotografías sin autorización expresa del autor


Hace un par de años, aproximadamente, subí a este blog un interesante artículo sobre los nazis en la localidad bonaerense de Villa Ballester. Con el correr de los meses, dicho artículo se convirtió en uno de los más leídos del sitio. La cantidad de lectores fue tal que esta segunda entrega, más extensa y reveladora que la anterior, ha sido largamente nutrida, al menos en parte, por testimonios e informaciones que los mismos vecinos de Ballester me han hecho llegar con el correr del tiempo. De todas maneras, todo lo que aquí se dirá tiene el debido respaldo documental.

El presente artículo resulta demasiado largo para un blog, ya lo sé. Pero el material es tanto que podría incluso escribir una tercer parte. Dos conclusiones iniciales: 1. Hay mucho más por contar 2. Vale la pena llegar hasta el final de este largo post. Hay muy buenas fotografías e información sobre un tema que parece estar bajo siete llaves.

No debemos olvidar, claro está, que esta hermosa localidad del norte bonaerense fue una de las preferidas entre los alemanes que deseaban echar raíces largas y duraderas en Argentina. Pero eso fue mucho antes de que el germen hitlerista se esparciera entre las comunidades germanas establecidas a lo largo y ancho del globo. 

Nota importante: La aclaración surge del comentario de un joven vecino de Ballester que aportó datos importantes. “¿Fue mi vecino responsable del exterminio de judíos?” dijo el joven, algo confundido. 
Ser un ciudadano alemán radicado en Argentina durante la década de los treinta era equivalente, en la gran mayoría de los casos, a pertenecer a cualquiera de las múltiples y heterogéneas organizaciones nazis, o penetradas por los nazis, que existían en el país. Es más, era casi una cuestión de ser o no ser. Y me viene ahora a la memoria el episodio de un pobre sastre alemán radicado en Lanús, quien osó desafiar al partido nazi local. El feroz boicot al que fue sometido, y que casi lo dejó sin clientela, lo obligó a enlistarse a toda velocidad en la pequeña célula del partido de la vecina localidad de Gerli. De inmediato comenzó a lloverle trabajo nuevamente. 

Con esto quiero demostrar que si un alemán era nazi o pronazi en los años treinta y cuarenta en Villa Ballester, no era algo que salía mucho de lo común. Estoy seguro de que muchos hasta fingían ser nazis para no ser discriminados dentro de la comunidad. Y esto nada tenía que ver con ser un criminal o algo parecido. ¿Puede endilgarse a esa gente comulgar con discursos antisemitas, discriminar judíos empleados en empresas locales, intentar educar a los niños según la doctrina nacionalsocialista y defender un régimen totalitario? Por supuesto que sí, pero nada más que eso. ¿Algún otro fue espía o escondió a un marino fugado del Graf Spee? También. Pero no mucho más. Así que no alimentemos las fantasías colectivas.
Los nazis que vinieron después de la guerra son de otra historia. Aquí vamos a hablar de nazis radicados en Ballester desde antes de la Segunda Guerra Mundial

Pasemos ahora a lo bueno:

El callejón de los nazis

Esta pequeña historia nació con la sorprendente revelación de Jerónimo, vecino de la calle Lafayette, a quien agradezco el haber compartido su pequeño secreto conmigo. El muchacho conoció hace tiempo a un viejo vecino, quien a su vez había comprado con anterioridad una casa ubicada en un enorme lote sobre Lafayette, casi llegando a la esquina de Aristóbulo del Valle.
El vecino de Jerónimo tenía una buena historia para contar. Al parecer, el hombre había comprado la casa a un precio irresistiblemente bajo; el dueño original tenía interés en vender con premura la propiedad y radicarse en Córdoba. El comprador de la casa siempre supo que el dueño original era un nazi, así estaba sindicado en el viejo Ballester, como tantos otros. Perdida la guerra y caídos algunos camaradas en desgracia, el hombre tenía apuro por largarse. La sorpresa llegó un par de años después. Hurgando en el viejo sótano, el nuevo dueño halló una inesperada sorpresa: descubrió una red de pasadizos y escondites, también una pared falsa con una habitación detrás; desde allí nacía un pasadizo que conducía a un túnel, que a su vez llevaba hasta donde ahora es la casa de Jerónimo...

Lafayette 371 (vieja numeración) era la casa de Paul Wellmann, miembro del partido nazi (número 3.758.529) desde el 1 de noviembre de 1936, nacido en Stadtoldendorff el 15 de junio de 1879. Y si algo he aprendido durante estos años de investigación, es que no es extraño que los nazis en Argentina enterraran algunas cosas. Más allá de que el mito popular decía ya en esos años que ocultaban armas, en realidad escondían material de propagandas, panfletos y las listas de los camaradas del partido. 
No debe haber sido muy difícil para Wellmann el diseñar su extraño búnker subterráneo, ya que, según los registros del Frente Alemán del Trabajo, se trataba de un experimentado técnico en construcciones; en otras palabras, un albañil. 

Pero la calle Lafayette da para mucho más en materia de viejos nazis. Lamento ahora decepcionar a los vecinos de la localidad que creían que las fotos de los actos nazis de los años treinta (ver la primera fotografía pequeña que acompaña este artículo), publicados en mi post anterior, fueron tomadas en el actual local de la Coral Alemana de Villa Ballester, ubicado hoy frente a la plaza Mitre. Si efectivamente se trató del local de la Coral, cosa que es bastante posible, estoy en condiciones de afirmar que, para los años en cuestión, dicha organización se hallaba en la esquina de Lafayette y Rivadavia (actual Agüer). Entiendo que ese edificio, a cargo de un tal Federico Pudlich, según los registros centrales del partido nazi, ya no existe. Pudlich vivía en Libertad 55, San Andrés, y era Volkdeutsche, nacido en argentina. De todas maneras, el hombre pertenecía al Frente Alemán del Trabajo, luego Unión Alemana de Gremios. La primera asamblea general del Coro Masculino Alemán se realizó allí el 14 de enero de 1926. Según pude averiguar, de ella participaron catorce coreutas que eligieron a su primera comisión directiva bajo la presidencia del mismo Pudlich. Entre los años 37 y el 38 lo reemplazó Franz Höll, alemán y también miembro de Frente, calle Mitre 740; luego volvió al ruedo Pudlich. Herbert Wagner era otro hombre que figuró como dirigente del coro de hombres.

Pero la esquina de Lafayette y Rivadavia tiene más para contar, mucho más.

Acción Argentina fue una organización creada en 1940 con el objetivo de promover el ingreso de Argentina a la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados. Fue disuelta por el gobierno militar de Ramírez en 1943. Un par de años antes, se dedicó a promover denuncias en contra de elementos nazis que operaban en diferentes localidades. Por ejemplo, en 1941 denunciaron, ante la Comisión Investigadora de las Actividades Antiargentinas de la Cámara de Diputados, al bar que estaba ubicado en la misma esquina de Lafayette y Rivadavia. El viejo edificio, con estrada por ambas calles, todavía existe. La denuncia decía textualmente: “Bar: situado en la calle Lafayette y Rivadavia. También posee cancha de bolos y continuamente amplían su local. Posiblemente, en este negocio, la concurrencia sea más netamente nazi, asistiendo muy pocos argentinos. Decían que en este bar trabajó un marinero (seguramente prófugo) del Graf Spee.” La historia del bar, de dueños alemanes, que ya de por sí parecía bastante verosímil, fue corroborada por un vecino que creció a treinta metros de esa esquina, y quien también recordó a la almacén de los Trapp, que se ubicaba juste enfrente. “Zum Deutschen Eck” (a la esquina del alemán), se leía en grandes letras justo encima de la ochava del bar. Emil Veit era su dueño, mejor conocido por don Emilio. Y vaya si esa esquina era totalmente alemana en todas las direcciones posibles...


Para agregar algo más sobre los marinos del Spee, el 26 de noviembre de 1942, la Policía Bonaerense realizó un allanamiento en la calle San Luis 356, Villa Ballester. Allí, justo al lado de la casa de Otto Franke, a quien al final del trabajo nos referiremos, al parecer se escondían dos prófugos de la tripulación del acorazado: Otto Rackebrand (Musikmaat de la III- Unteroffiziere, es decir miembro de la orquesta del barco) y Georg Schwalbe (Matrosenobergefreiter de la I División). Tal vez alguno de ellos era el que trabajaba para don Emilio Veit.

El viejo bar “Zum Deutschen Eck” hoy, Lafayette y Rivadavia 
A pocos metros de allí también seguía la lista. En Lafayette 164 vivía el ingeniero Georg Gniesmer, miembro del partido número 3.591.842, nacido en Hannover en 1894. Su vecino era Antonio Kirchlechner, un carpintero afiliado al Frente Alemán del Trabajo. La casa de Lafayette 173 (o 163, no está muy claro), justo frente al ingeniero, era de Gerhard Skawran, miembro del partido número 3.773.756, nacido en Görlitz en 1909. Cruzando Rivadavia vivían Martin Hachmann, Lafayette 51 (actual altura 2900), de profesión calderero, y justo al lado, en el número 63, Teodoro Hennig. Ambos eran miembros del Frente Alemán del Trabajo, organización liderada por el acérrimo nazi Erwin Schriefer.

El aeródromo perdido

¿Hubo alguna vez un aeródromo en Villa Ballester? No está claro si fue un aeródromo o un trozo de tierra con un par de galpones. Pocos lo recuerdan y su ubicación puede ser un verdadero misterio; sin embargo, de alguna manera los alemanes montaron un club de planeadores a fines de los años treinta en Ballester. Le pusieron “Cóndor”, justo como al famoso otro club de planeadores que las organizaciones nazis montaron en Astra, cerca de Comodoro Rivadavia. Así lo demuestra de manera incontrastable un parte policial de 1942. ¡Al parecer, algún investigador exagerado pensó que los nazis pensaban adiestrar pilotos de combate en plena Ballester! Denuncia de por medio, la Policía Bonaerense, acompañada de los diputados Solari y Caggiano, allanó el lugar el 1 de noviembre de 1942. Aquí el texto del acta: “VILLA BALLESTER (San Martín Seco. 2da.)... en el día de la fecha se constituyeron en el aeródromo del "CONDOR CLUB DE PLANEADORES" donde según una denuncia se adiestrarían pilotos alemanes que posteriormente serían enviados a su país a de origen para incorporarse a las fuerzas combatientes. Efectuada una ligera inspección en presencia del secretario del club D. Otto Bechler, constatose que en el campo utilizado para maniobras de planeadores hay solamente un galpón de regulares dimensiones donde se guardan los tres aparatos con que cuenta la institución para la práctica del vuelo sin motor, y una pequeña casilla destinada a vestuario de los socios. En ésta se observa la existencia de un libro de control del trabajo de los socios escrito en idioma alemán, revistas de propaganda alemana y varios planos para la construcción de un determinado modelo de planeador. Estos planos fueron recibidos de Berlín, según propias manifestaciones de Bechler, teniendo sus referencias escritas en idioma alemán, con la particularidad de que en cada uno de ellos se observa la inscripción N.S.F.K. (Iniciales del "NAZIONAL SOZIALISTISCHES FLIEGER KORPS" - traducido: "Cuerpos de Aviadores Nacional-Socialistas"), es decir que los aparatos que construyen los socios del "Cóndor Club" son similares a los que utiliza actualmente en los respectivos cuerpos especializados el Ejército Alemán. Todas las personas que se hallaban presentes, en número de quince más o menos son alemanes o descendientes de alemanes y vestían un uniforme consistente en over-all blanco con une insignia del club, y dos de ellos con el distintivo de pilotos aviadores alemanes además…” “…identificaron al secretario Bechler como a un activo militante "nazi", procesado no hace mucho tiempo por el Juez de Instrucción de la Capital Federal Dr. Vásquez y por cuanto en la denuncia que poseían, origen de esta diligencia, se dice que el club de referencia es en realidad una organización militarizada integrada por miembros del disuelto Partido Nacional Socialista Alemán de la Argentina.” 

Bechler, efectivamente procesado antes del golpe de 1943 junto a otros prominentes miembros del NSDAP argentino, vivía en el barrio de Belgrano, calle 3 de febrero 2264.

Sólo hallé un vecino lo suficientemente memorioso como para recordar el campo de planeadores, y fue por la referencia de un poblador aún más antiguo: Según Oscar Farías, el campo de planeadores estaba en las inmediaciones de la avenida Márquez, cerca del antiguo club alemán. Así se lo hizo saber hace treinta años un viejo poblador de Ballester. Luego se habría trasladado a Zárate.

Acta del procedimiento en el "aeródromo"

La casa en la calle Rivadavia, entre Balcarce y General Roca

Es indudable que muchas de las denuncias que llegaban a las autoridades argentinas eran al menos exageradas. Los partidarios de Hitler de Villa Ballester practicaban el proselitismo político y boicoteaban ferozmente a sus paisanos que no comulgaban con el nazismo, es cierto. Pero si no se mezclaban en el espionaje o se comprometían demasiado con el partido o el Frente Alemán del Trabajo, lejos estaban de verse envueltos en algún asunto demasiado comprometedor. 

Una pequeña casa de Rivadavia 381/3, “refaccionada y con garaje”, entre otras del barrio, fue una de las denunciadas como un centro de reunión de los nazis en Villa Ballester. Según el denunciante anónimo, los nazis que allí se reunían todos los miércoles a las 20 hs. estaban haciendo acopio de armas de fuego, y hasta se podían oír los disparos de práctica. “Vivo en Villa Ballester (decía el vecino), centro reconocido nazista. Aquí prosperan estos espías al ampro de las autoridades…” Aunque no los nombraba, en esa casa vivían Willy y Federico Blocher. Los Blocher eran comerciantes, y Federico figuraba en las listas negras de firmas y empresarios bloqueados por el Departamento de Estado norteamericano en el año 1945, por ser sospechados de comerciar con las potencias del Eje.

La denuncia anónima contra los Blocher iba acompañada de un singular croquis

El colegio Bismarck

Ese fue el primer nombre del Instituto Ballester. En aquellos años, no se encontraba dónde está hoy, sobre Rivadavia - Aguer; su primera sede quedaba en la calle Lacroze 133 (actual Comercial Ballester). Uno de sus fundadores, Martin Lange, director desde 1930, no aparece en las viejas listas del partido nazi. De todas maneras, era miembro de Frente Alemán del Trabajo y fue retratado varias veces posando con el “Orstgruppe Villa Ballester”, es decir junto a los miembros de la célula local del partido nazi (ver fotografía siguiente, Lange en la extrema izquierda, de traje gris). En la cámara de diputados sobreviven fotografías de la vieja sede del colegio halladas en casa del vecino Otto Franke; se realizaba el saluda nazi en los actos y se contaba a menudo con la presencia de personajes del partido o la embajada. El colegio era subsidiado desde la misma Embajada del Tercer Reich. 







En 1940 se produjo un procedimiento policial en el colegio; era promovido por la Dirección General de Escuelas de la PBA. La realidad y los documentos demuestran que la institución no se había amoldado a los decretos del año 1938, que obligaban a los colegios alemanes (más de doscientos dependían de la embajada en todo el país) a seguir una serie de pautas relacionadas al idioma, los símbolos y la enseñanza nacional. En realidad, podríamos agregar mucho más sobre el bochornoso asunto de los colegios, sin embargo, no es el espíritu de este artículo. Además, creo que la institución mencionada aún presta un gran servicio a la comunidad de Ballester y nada ganaríamos escarbando demasiado en un pasado que pertenece a gente que ya no está. Quien quiera ahondar más sobre el asunto de los colegios puede leer mi libro “En el ojo del huracán”; el embajador argentino en Berlín solía enviar innumerables denuncias secretas a la Cancillería relacionadas el proceder de estos colegios sobre la educación de chicos nacidos en argentina. Molestaba especialmente al embajador Labougle cuando un maestro era enviado desde Alemania a la Argentina sin siquiera hablar el español.

El Memorándum de la Policía Bonaerense decía textualmente: “El 30 de octubre de 1940, a consecuencia de un intimación hecha por la Dirección General de Escuelas de esta Provincia, al colegio incorporado germano-argentino con sede en la calle Lacroze 133 de Villa Ballester (San Martin), con motivo de tener en su hall un busto del ex-canciller del Imperio Alemán, Bismarck, como así también cuadros de héroes alemanes, se dispuso practicar una averiguación al respecto, comprobándose que tanto el busto, como los cuadros motivos de la intimación de que fuera objeto, habían sido sacados, y que el nombre del colegio se hallaba escrito en castellano.” 

Las relaciones entre las instituciones educativas de la zona y el partido quedaron de manifiesto gracias a la publicación de la revista, órgano del partido nazi, Der Trommler. En su número 87 del año 1936, en la página 60, relata la fiesta de “inauguración” de la agrupación escolar de Villa Ballester, que contó con la presencia del director de los grupos del país del NSDAP, Pg. (sigla que se usaba para referirse a camarada o miembro del partido) Küster, y el representante de la Embajada del Tercer Reich Keipert.

A continuación el revelador artículo del diario El Día de La Plata sobre el Colegio.


Fotografía del colegio hallada en poder de Otto Franke, miembro del partido nazi detenido en Ballester por breve tiempo en 1942. La esvástica era la bandera oficial de Alemania, pero además, en los actos, se hacía el saludo nazi con el brazo derecho extendido. 



Fotografías del colegio Bismarck. La primera fue publicada en mi libro "En el ojo del huracán"
junto a una del edificio original de la calle Lacroze 133

La misteriosa casona ¿parda? de la calle Independencia

Las denuncias de Acción Argentina y de algunos vecinos alarmistas siguieron llegando a las autoridades argentinas. Indiscutiblemente, y de acuerdo a los mismos archivos de los alemanes, la sede del partido y el Frente Alemán del Trabajo de Villa Ballester estaban en la calle Independencia 678, actual 5662. Hoy en día funciona allí, en un edificio de construcción más moderna, un gimnasio de nombre Winkel. El registro catastral de la Municipalidad de San Martín confirma esta afirmación. 

De acuerdo a lo que cuentan algunos viejos vecinos, se erguí allí una vieja casona donde los nazis se reunían cada semana; sin embargo, fue infructuosa hasta ahora la búsqueda de fotografías, al menos de su fachada exterior. Pienso que las fotografías del anterior artículo publicado en este blog sobre Villa Ballester, que para muchos era de la Coral alemana, podrían ser del interior de ese viejo edificio. O tal vez del viejo edificio de la Coral. Vale la pena mencionar que a partir de 1938 el partido nazi fue prohibido en Argentina, y que lo alemanes cambiaron el nombre de la organización por el de “Círculo Alemán de Beneficencia y Cultura.” 


Revista "El alemán en Argentina" informa dirección del Frente Alemán del Trabajo en Independencia 678. Incluye los horarios de atención.



Lo que es seguro es que allí funcionaba el principal centro de reunión de los nazis en Ballester. Para 1940/41, Hans Jürgen Wolff-Wösten (miembro del partido número 3.454.066, nacido en Koblenz) era el líder del Orstgruppe V. Ballester, vivía en la calle San Lorenzo 164 y antes había vivido en Belgrano 138, pero con toda seguridad tenía su despacho en Independencia 678. 

En la misma cuadra vivía, aparentemente, otro nazi muy conocido. El médico Ernesto Carl había sido también denunciado por Acción Argentina. Se dice que desempeñaba la función de comisionado escolar del distrito de San Martín. De todas formas, no hay muchas informaciones sobre él. Acción Argentina denunció: “Es argentino pero no puede negar su origen. Vive en la calle Independencia 623. Durante la gobernación de Fresco (un nazi a la criolla) ocupó el cargo de comisionado escolar, designación que fue criticada por la opinión general. Instaló dos comedores escolares, empleando a todo elemento extranjero y trayendo la comida del colegio alemán de la calle Lacroze (ya mencionado), entre Alvear y Lavalle. Tuvo que renunciar antes de terminar su cometido por las censuras del vecindario.”

Pero, según dicen algunos, y así lo creo también, el nazi más importante de la calle estaba una cuadra antes, en Independencia 574/6. Se trataba del hombre denunciado en el recorte periodístico del diario El Día que se puede leer en mi anterior artículo sobre Ballester: Leder Ludevoin, que, en realidad, no era otro que Jan Ludewig. Vaya uno a saber cómo llegaron a deformar tanto su nombre en la prensa de aquella época. Ludewig era uno de los primeros miembros del Landesgruppe argentino, formado por un puñado de fanáticos en 1932. El vecino de Ballester había entrado al partido el 1 de mayo de 1933 y le fue asignado el número 1.756.813. Había nacido en Münster, el 11 de septiembre de 1895. Su esposa Úrsula era de origen polaco. 
Sobre los otros nazis mencionados en el recorte de El Día, que pertenece al 1 de octubre de 1940, llamados Oppel y Adolfo Napp, poco se sabe. AA dijo de los Napp, que al parecer eran parientes lejanos del espía Hans Napp, según me dijo su bisnieto, lo siguiente: “La familia Napp, que vive en la calle América 110, algunos de ellos han cometido actos terroristas, en compañía con elementos jóvenes de la localidad.” Seguramente otra exageración.

Fragmento del artículo del diario El Día
que publiqué hace dos años.

El dentista Engelland, delegado de la UAG – Frente Alemán del Trabajo

En la calle Paraná 686, en casa del dentista Wilhelm Engelland, miembro del Frente Alemán del Trabajo, la policía halló, entre muchas otras, una fotografía del grupo local del partido. Los numerosos alemanes allí retratados iban vestidos con uniformes similares a los de las tropas de asalto S.A. La fotografía fue tomada del archivo de la Cámara de Diputados, CIAA. 

Otras de las fotografías halladas fueron motivo de un examen técnico por parte de la policía, ya que las autoridades sospechaban del grado de detalle que las mismas mostraban sobre un gran incendio producido en 1933, que específicamente afectó los tanques de la Compañía Nacional de Petróleo en Campana. También se hallaron fotografías del Graf Spee, envuelto en llamas, del Club de Planeadores de Astra, de Comodoro Rivadavia, y del transatlántico alemán Monte Cervantes hundiéndose en aguas patagónicas, entre otras.


Fotografías sospechosas del incendio
Engelland era un nazi comprometido, y, de acuerdo a ciertos papeles hallados en su poder, se dedicaba a entregar informaciones en la sede central de la UAG, en la calle Alsina al 1200 de la capital, sobre ciertos compatriotas trabajadores que no se mostraban lo suficientemente nacionalsocialistas. Por ejemplo, denunció en 1941 a un tal Tyran, de la “casa Fanal”, un alemán no nazi, ante la organización de los trabajadores nacionalsocialistas. Y se aseguró que esa información llegara al reconocido líder del partido Heinrich Volberg.

Engelland también tenía alguna relación con el Hogar Funke de Torquist, ya que se halló en su poder un fichero de esa institución. En algún momento volveremos sobre el caso del Hogar Funke…



También se allanaron en Ballester, en ese mismo año de 1942, los domicilios de Otto Franke, calle San Luis 328, y de Hermann Wurzel, Alvear 926. Franke, viejo miembro del partido desde 1934 (número 3.591.846) tenía enorme cantidad de fotografías del colegio Bismarck de Ballester. Algunas damos a conocer en este artículo. El berlinés Wurzel había entrado un poco más tarde, en 1938 (número 6.990.835). 

Fotografía hallada en casa de Engelland.
Las autoridades creyeron que fue tomada en Villa Ballester, lugar desconocido

Der Trommler

Hemos mencionado fugazmente a la revista Der Trommler, “el tamborilero” en castellano. Se trataba de la principal publicación del partido nazi en Argentina. Era obligatorio para los miembros del partido suscribirse, y su editor, Alfred Müller, detenido en el año 1939, llegaría a ser el jefe del partido nazi en Argentina. Para que nos demos una idea de sus contenido, las primeras 10 páginas eran siempre dedicadas a discursos e instrucciones que Adolf Hitler impartía a sus volk esparcido por el mundo. Por supuesta estaba íntegramente redactada en alemán. Dicha revista, tenía una sección de publicidad donde los varios comerciantes alemanes de Ballester colocaban sus avisos:

Revista Der Trommler. N° 208, página 79. 05/05/1941

El Frente Alemán del Trabajo también tenía su revista, que también repleta de adoctrinamiento nazi; su nombre era “El alemán en argentina”. Allí también publicitaban los comerciantes de Ballester.

Revista "Der Deutsche in argentinien", septiembre de 1942, página 378.

Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester

Fundada en 1924 por trece alemanes. De los fundadores, parece que los nazis más convencidos eran: Friedrich Fastner, Paraná 486, era uno de los miembros más antiguo del partido en argentina, ya que había ingresado en 1933 (número 1.631.154), y Karl Ratzlaff (número 4.678.846). De los otro once, solo los ya nombrados Kirchlerchner, de la calle Lafayette, y Martin Lange, el maestro, aparecen en los listados del Frente Alemán del Trabajo como afiliados.
Me gustaría saber quién fue el presidente durante los años más fuertes del nazismo, pero ni siquiera pude averiguar si en sus antiguos terrenos de Malaver funcionaba el aeródromo “perdido”. El club perteneció a la Federación Alemana de Cultura Física, que era regenteada desde la calle 25 de mayo 145, pleno centro porteño, es decir desde la sede central del partido nacionalsocialista. El encargado de esta federación era un nazi del barrio de Belgrano llamado Alfonz Vogen.





Fuentes de información:

*  Nazi Party Membership Records: SUBMITTED BY THE WAR DEPARTMENT TO THE SUBCOMMITTEE ON WAR MOBILIZATION OF THE COMMITTEE ON MILITARY AFFAIRS UNITED STATES SENATE. Marzo de 1946, Parte I.
* Archivo de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Comisión Investigadora de las Actividades Antiargentinas.
* Hemeroteca del Congreso de la Nación
* Vecinos de Villa Ballester
* Municipalidad de San Martín
* Revista Der Trommler
* Revista Der Deutsche in Argentinien
* Policía de la Provincia de Buenos Aires (Archivos en el AHCDN)
* AGN
* Gentileza fotografías del Orstgruppe Villa Ballester y Sociedad Alemana de Gimnasia: Juan Aversa