U-Boat Argentina

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Entrevista en Tenemos Historia

Hace unos días estuve presentando el libro "En el ojo del huracán", que cuenta la misión en Berlín de Eduardo Labougle, en el programa de radio Tenemos Historia. El conductor es Emilio Perina, actual director del Archivo General de la Nación, y lo acompaña el Dr. Omar López Mato. 
Aquí la entrevista completa:



La prehistoria de Horst Carlos Fuldner

Julio B. Mutti 
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Prohibida la reproducción de texto o fotografías sin autorización expresa del autor


Horst C. Fuldner; el fugitivo

Horst Carlos Alberto Fuldner, SS Hauptsturmführer (capitán) nacido en Buenos Aires e hijo de alemanes radicados en Argentina, fue una pieza clave de la inmigración ilegal de criminales nazis y croatas que llegaron a ese país sudamericano durante el primer gobierno de Perón. Un hecho que no es ninguna novedad, por supuesto. 

Durante mi investigación para el libro “En el ojo del huracán”, de reciente aparición, me topé con una vieja carpeta entre las cajas de División Política del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. “Horst C. Fuldner”, en grandes letras, eran las palabras que llamaron mi atención en la portada. La información que contenían esas viejas y amarillentas páginas resultaron ser muy anteriores al conocido y lucrativo empleo de “reclutador” de criminales nazis que Fuldner consiguió en la posguerra. 

Fue asombroso encontrar dentro del expediente el pasaporte original de Fuldner emitido por el gobierno del Tercer Reich; de hecho, lo tuve en mis manos por un buen rato. En 1935, diez años antes de regresar a Europa para salvar criminales de la horca, Fuldner, según la historia que contaban las viejas notas de la carpeta, intentó escapar de la garra asesina de la Gestapo. Es decir que fue perseguido y apresado, mientras intentaba fugarse de regreso a Argentina, por quienes más tarde necesitarían de su ayuda para sobrevivir…

Pasaporte alemán de Fuldner retenido en Lisboa
Horst Fuldner nació en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1910. Su padre, Hugo Fuldner, nacido en 1870 en Adorf (distrito de Waldeck), había emigrado a la Argentina en el año 1900. En 1922 toda la familia retornó a Alemania, más precisamente en Kessel, y en 1928 obtuvieron la ciudadanía prusiana, incluidos los la tres hijos nacidos en Sudamérica, según expediente A I A R 1059 A. (1)

Al parecer, el joven Fuldner era prometedor. Con apenas 24 años de edad se había convertido en director de una oficina administrativa de las SS. Sin embargo, según denunció el régimen nazi, el capitán cometió algunos ilícitos en el ejercicio de sus funciones: Fuldner había sido acusado de “fraude, ocultamiento y deslealtad.” 

Según informó Eduardo Labougle el 11 de noviembre de 1935 (2), Fuldner había notificado en 1931 a la Legación de Argentina que se negaba a realizar el servicio militar obligatorio en virtud de considerarse ciudadano alemán. Sin embargo, cuatro años más tarde, envuelto en un brete que podía costarle la vida, el joven nacido en Buenos Aires decidió recordar súbitamente su lejana tierra de origen.

La despechada esposa de Fuldner, de nombre Hanna Krauss, confesó a la Gestapo que, quince días antes de esfumarse en el aire, el joven capitán de las SS había hecho remitir el pasaporte argentino caduco a su domicilio. Luego, en el Consulado General de la República Argentina en Hamburgo, a base del viejo pasaporte, le fue entregado una nuevo y vigente. El trámite se había realizado el 14 de octubre de 1935. El 27 de ese mismo mes, Fuldner contemplaba sonriente la costa de Brasil desde la barandilla del vapor “Antonio Delfino” (Si, se trataba del buque bautizado con el nombre del armador armador que era socio de la Hamburg Südamerika y gran amigo de los nazis), creyendo que había logrado escapar de la Gestapo. Pero se equivocaba. Esa misma noche, otro transatlántico de la Hamburg Südamerika, que acababa de dejar el puerto de Bahía, se estacionó justo al lado del “Antonio Delfino”. Era el “Cap Norte”, que se dirigía a Alemania. El capitán Basse, mientras navegaba en las inmediaciones de Pernambuco, había recibido la orden directa de su gobierno de interceptar a al vapor que se dirigía a Buenos Aires y de capturar al fugitivo Fuldner. Pero los alemanes no contaron con un detalle. A bordo del “Cap Norte” también viajaba el cónsul argentino en Génova, el Sr. Roberto Tixis Massa, y un curioso y desconocido corresponsal de la United Press. Ambos hombres abordaron de inmediato al comandante del “Cap Norte”, interrogándolo acerca del extraño transbordo efectuado al amparo de la noche. El comandante mintió. Dijo que se trataba de un comerciante de origen alemán que, habiéndose declarado en quiebra, se disponía a fugar hacia Sudamérica. Al parecer, el desconocido corresponsal de la UP se hizo con la información de que el cautivo no era de nacionalidad alemana. El capitán Blauert, del “Antonio Delfino”, también mintió a la Prefectura al llegar a Buenos Aires; incluso dijo que el trasbordo se había efectuado por pedido del mismo capitán de las SS.


La realidad es que todo el asunto estalló en la prensa pocos días después, el 5 de noviembre. A instancias del hombre de la UP, los periódicos porteños comenzaron a denunciar que un ciudadano argentino, de nombre Fuldner, era conducido detenido, incomunicado y enfermo a bordo del “Cap Norte”, vapor que se disponía a amarrar en Alemania. Alertado por estas declaraciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores comenzó a hacer las averiguaciones del caso. 

El 8 de noviembre, el cónsul general en Lisboa, Ramón. L. de Oliverira Cezar, envió un extenso y detallado informe a Saavedra Lamas, el ministro argentino de Relaciones Exteriores. La base del documento era la viva denuncia que el mismo corresponsal de la UP había presentado el día anterior en sus oficinas. Fuldner no era tonto. Había llegado en tren a través de Francia y España utilizando su pasaporte alemán, pues era mucho más sencillo hacerlo con esa nacionalidad. Al momento de embarcar en Lisboa rumbo a Buenos Aires, la cuestión cambió de especie. En esa oportunidad, se presentó ante Oliveira para que le visara su flamante pasaporte argentino otorgado en Hamburgo. El cónsul reprendió a Fuldner por tener dos pasaportes, es decir dos nacionalidades; sin embargo, apenas retuvo el alemán, el mismo que tuve en mis manos hace algunos meses, y visó sin más trámite el argentino (N° 340 serie E.03207 – válido solamente para trasladarse a la Argentina por ser infractor al servicio militar). El joven capitán de las SS tenía un ferviente deseo de “ser argentino”, informó el cónsul de Lisboa. El 17 de octubre embarcó hacia Buenos Aires.

El día 7 de noviembre, cuando el “Cap Norte” llegó a Lisboa con el cautivo entre los pasajeros, el corresponsal de la UP desembarcó a toda prisa para denunciar la situación de Fuldner. También dijo que había pedido verle y que se lo habían negado, y que pudo constatar que su nombre no se hallaba en los manifiestos originales. Tixi Massa, que también se dirigió a las oficinas del consulado en Lisboa, pudo corroborar la historia del correponsal. 


Al tiempo de recibirse la denuncia, poco pudo hacer Oliveira más que informar a Saavedra Lamas. El “Cap Norte” había partido ya a todo vapor hacia Vigo, su próxima escala. Por lo tanto, si los funcionarios argentinos querían salvar a Fuldner, le tocaba a la oficina consular de esa ciudad española realizar una intervención. 

El cónsul en Vigo era Oscar Gomez Palmes, quien confundió más la situación al declarar a la prensa que Fuldner era un criminal alemán que huía con pasaporte falso; algo que creo hizo por desconocimiento del asunto, ya que Oliveira fue muy escueto en su nota. De todas maneras, rápidamente Gomez Palmes envió una nota al jefe de la policía local, Gonzalo Lopez Silanes. El comandante del “Cap Norte” dijo la verdad al ser interrogado por los españoles; dio toda la información al comisario del puerto, reconociendo que Fuldner viajaba con pasaporte argentino y que estaba detenido por orden expresa de su gobierno. Sin embargo, se negó a estregarlo sin una orden expresa del Gobierno español. (3)

La acción parecía trasladarse hacia cada destino al que se dirigía el “Cap Norte” y su próxima parada, la ciudad de Hamburgo, sería la última; al menos eso creían los argentinos. (4) 

El día 12 de noviembre, el cónsul general en Hamburgo, Bartolomé Daneri, un hombre que simpatizaba regularmente con el régimen de Hitler, al menos si eso era lo que más convenía a sus intereses, envió su informe a Buenos Aires. (5) La novedad era que Fuldner había sido desembarcado en Bremerhaven, por “propio pedido”, y entregado a la Gestapo. Sin lugar a dudas, la policía secreto lo había hecho desembarcar en una escala no prevista para despistar a los argentinos. En el resto de las cuestiones, el capitán Basse colaboró sin problemas con Daneri, a quien relató algunos detalles de los hechos: Dijo que a la altura de Pernambuco había recibido un telegrama de directamente de la Gestapo, ordenándole preparar un bote y acercarse en la noche al vapor “Antonio Delfino”. Fuldner, al momento de ser apresado, invocó su nacionalidad argentina, exhibiendo para ello su pasaporte; a lo que el capitán del “Cap Norte” repuso: “Para mí usted es alemán; usted forma parte de las SS.” Siempre de acuerdo a la declaración de Basse, Fuldner envió varios telegramas desesperados a altos funcionarios de las SS, entre ellos al mismo Himmler, pero sin recibir respuesta alguna. Al verse en una situación desesperada, y temiendo a las represalias que pudieran suscitarse, el preso intentó suicidarse, diciendo ser acomodado en una sala de la enfermería del barco. Quedó totalmente incomunicado y no se le permitía salir a cubierta. No tenía dinero, y el mismo capitán debió prestarle 15 marcos para enviar los telegramas.

A partir de ese momento, los funcionarios argentinos parecieron olvidar por completo a Fuldner. Se desentendieron por completo de lo que pudiera sucederle. Los argentinos parecieron aceptar sin más la acusación de la Gestapo; “fraude, ocultamiento y deslealtad.” 

El Cap Norte
De alguna manera, y luego de haber pasado una buena temporada en la cárcel, Fuldner logró salir con vida de todo el asunto. De acuerdo al legajo de las SS, que no figura en el expediente del Archivo del MRE, y el cual pudo consultar el investigador Uki Goñi, el joven fue acusado de deserción de las SS, de robar su propio legajo, de apostar, de fugarse con dinero, entro otros cargos, lo que por supuesto le valió también la expulsión de la organización. Ya durante la guerra, actuó como intérprete en la División Azul española que peleó en el frente oriental.

Al parecer, su condición de argentino nativo, su fluido español y sus contactos en España, hicieron que la organización de Himmler volviera a incorporarlo a sus filas. En 1944, cuando era evidente que la guerra no terminaría bien para el bando fascista, Fuldner fue enviado a España como agente del servicio extranjero. Según los registros de la inteligencia estadounidenses, arribó a Madrid por última vez en marzo de 1945, llevando gran cantidad de dinero en efectivo, obras de arte y la idea de preparar la huida de algunos otros personajes del SD. En sus viajes anteriores se había enrolado en el conglomerado comercial Sofindus que controlaba intereses alemanes, del que fue expulsado por malversación. 

Los aliados intentaron apresarlo al final de la guerra, pero no tuvieron éxito. Estaba bien protegido en el país de Franco. 

Con Perón en el gobierno desde 1946, Fuldner no sólo encontró cobijo en su país de nacimiento. En 1947 comenzó con su lucrativo nuevo empleo en la Secretaría de Inteligencia, reclutado por Rudi Freude, y en la Dirección de Migraciones. Los Eichmann y los Mangele habían encontrado a su hombre. No contento con facilitar la llegada de aquellos nefastos criminales nazis, Fuldner fundó la empresa Capri en Tucumán, donde logró dar trabajo y protección a esos oscuros hombres gracias al generoso contrato público que le otorgó Perón.


(1) El gobierno alemán informó al argentino de esta situación a través de un memorándum fechado en noviembre de 1935, nota 390/35 “Reservada”.

(2) Telegrama cifrado N° 1384 del 11 de noviembre de 1935, Legación de Argentina en Berlín. Firmado Eduardo Labougle.

(3) Informes de la Embajada de Argentina en Madrid firmados por García Mansilla.

(4) En el archivo del MRE hay un largo memorándum del 13 de noviembre, donde la los consejeros legales informaban a Saavedra Lamas sobre el estado del caso. En el él resumía todo lo actuado hasta el momento. En la nota se abarca la cuestión legal de la ciudadanía, y se menciona, aunque lamentándose de que se trataba de un ciudadano que invocaba su origen argentino solo por conveniencia, que la Corte Suprema se había expedido al respecto en otras oportunidades, indicando que la ciudadanía argentina “nativa” no podía ser renunciada.

(5) Consulado General de la República Argentina en Hamburgo; Sección IV, nota N° 109. “Reservada y confidencial.”
Sobre Bartolomé Daneri y sus inclinación a las simpatías nazis ver: Mutti, Julio “En el ojo del huracán”. Olmo Ediciones, 2017. Sobre las maniobras del consulado en Hamburgo en las visaciones a judíos ver: Goñi, Uki. “La auténtica Odessa”. Paidós, 2002.

Nuevo libro ya disponible: En el ojo del huracán.

Estimados amigos y lectores. A partir del 15 de mayo estará disponible en las principales librerías de Buenos Aires "En el ojo del huracán"; misión en Berlín del embajador argentino Eduardo Labougle Carranza (1932-1939).
Ya pueden comprarlo a través del sitio de la editorial haciendo click en el siguiente enlace Olmo Ediciones. El precio de la edición en papel es de $230.-

Comparto con ustedes el índice y la sinopsis de la obra.





Indice:


Introducción

Capítulo I. Primero años

1. Arribo

2. 1933, llegada de los nazis al poder.

3. 1933. Incendio y elecciones. El boicot contra los judíos y el tratamiento de ciudadanos argentinos.

4. 1934. Cuchillos Largos. Conflicto con la Iglesia. Muerte del presidente von Hindenburg. El Argentinienbrucke

5. El año de rearme

Capítulo II. Insistentes denuncias de Labougle sobre el avance del nazismo en Argentina

1. La organización de los alemanes en el extranjero. La comunidad alemana en Argentina. Escuelas y viajes de intercambio.

2. Labougle se involucra de lleno contra la organización de los alemanes en el extranjero y sus actividades

Capítulo III. Últimos años

1. Noche de los cristales rotos

2. Un altercado con Colombia

3. Anexiones territoriales del Reich

4. El caso Patagonia

5. Últimas reuniones con von Ribbentrop

6. A solas con Adolf Hitler por última vez

7. En Carinhall con Hermann Göring

8. Una intervención de último momento

9. Condecoraciones, marcos de plata y regreso en el Titanic nazi

Epílogo IV


Sinopsis: El Dr. Eduardo Labougle fue ministro plenipotenciario y embajador argentino ante Alemania entre 1932 y 1939, un breve período de tiempo en que la historia del mundo cambió para siempre, especialmente por los hechos que comenzaron a desencadenarse en el Reich casi desde su arribo. Se trató de la segunda vez que el diplomático de dilatada carrera era destinado a Berlín. Sin embargo, y aunque contaba con una gran experiencia en asuntos germanos y una enorme cantidad de contactos de alta sociedad, nada lo preparó para lo que iba a vivir durante aquellos siete agitados años: los entretelones del ascenso de los nazis al poder, la noche de los cuchillos largos, el boicot a los judíos, el rearme de la Alemania nazi, la muerte de Hindenburg, la anexión del Sarre, el Anschluss, la crisis de los Sudetes, las deportaciones y todos aquellos recordados eventos que llevaron al mundo a la conflagración más grande y sangrienta de la historia.

No obstante, Labougle no fue apenas un testigo silencioso que veía pasar la tormenta desde el cobijo de su embajada. Las páginas de esta extensa investigación revelarán el importante rol muchas veces jugado por este encumbrado diplomático en aquellos eventos; hombre de consulta de ambos bandos en pugna y de una importancia sobresaliente en los salones más suntuosos de la capital del Reich.

Boceto de tapa
del manuscrito original
Los extensos informes enviados por Labougle desde Berlín, que hoy descansan en el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuentan historias fantásticas y narran detalles inimaginados. De una clarividencia propia de la de un estadista, nos dan también una idea cabal de la real trascendencia que el representante argentino tuvo durante esos atormentados años. Su posición fue lo suficientemente importante como para ser recibido en privado por Hitler y Göring en persona.

A pesar de la distancia, una de las principales preocupaciones de Labougle fue el avance de los nazis en la Argentina. Denunció la penetración en las escuelas y el envío de maestros destinados a propagar los ideales de Hitler. Siempre bien informado, se dedicó especialmente a combatir el derecho que los nazis creyeron tener de educar a sus hijos nacidos en la Argentina bajo las normas y costumbres nacional-socialistas; reclamos que, muchas veces, llevó en persona hasta los más ponderados personajes del Tercer Reich.



Librería Goethe en 1941

Hoy les traigo una fotografía de la librería "Goethe", ubicada en la calle Corrientes del centro porteño. Un lugar de encuentro para todo aquel nacionalsocialista que se jactara de ser un buen lector.
Destacan en la imagen los retratos de Hitler y Mussolini. Sin embargo, lo que me parece más interesante es el cartel anunciado que en ese lugar, supuestamente una simple librería, los germanos tomaban "donaciones" a sus compatriotas destinadas a la ayuda social alemana. La gran parte de aquellos fondos no era destinada a actividades de beneficencia sino a cuentas reservados a nombre del embajador. Se sabe que gran parte de ese dinero se utilizó en: espionaje, sobornos, festividades nazis, fuga de marinos del Graf Spee, etc.

Casualmente, el Goethe Institut, fundado a comienzos de los sesenta en Argentina, tiene su sede en la avenida Corrientes 319, casi llegando al bajo. Es la institución cultural de la República Federal de Alemania en el mundo. Promueve el conocimiento del idioma alemán en el extranjero y fomenta la cooperación cultural internacional. 
El reconocido colegio Goethe funciona en el país desde 1897 y durante las décadas del treinta y cuarenta también supo ser investigado por su sistema de enseñanza nacionalsocialista y sus vinculaciones con el partido y le embajada. Más precisamente en 1941 se designó una comisión investigadora destinada a realizar un informe sobre dicho establecimiento, dirigido por Wilhelm Wirth (según los investigadores jefe de bloque de la organización nazi en Argentina).
El informe tiene más de cuatrocientas páginas.


La Embajada de Argentina en Berlín

Nota: Un pequeño adelanto sobre mi próximo libro. El texto, la información y las fotografías que hoy publico no van a ser parte del trabajo. Digamos que quedaron afuera. Es información adicional. Pero no por eso deja de ser interesantes:

Cosa esquiva averiguar los diferentes sitios donde funcionó la embajada del país sudamericano en Berlín, a comienzos del Siglo XX. Muchos conocen la historia del Palacio Staudt. En 1936, el magnate de la industria Richard Staudt, quien apoyó a los nazis en un comienzo, obsequió al Estado argentino un enorme palacio de 1600 metros cuadrados. El germano-argentino y sus hermanas, tal como reza el decreto de ese año, cedieron la residencia familiar en la capital del Reich con la condición de que fuera utilizada como sede oficial de la representación. Y así lo decretó el ministro Carlos Saavedra Lamas, el 13 de agosto de 1936. 
Es interesante mencionar la estrecha amistad que unió el ex embajador Eduardo Labougle y al mencionado Staudt. Una extensa carta escrita por el alemán, y dirigida al mencionado diplomático, sobrevive en los extensos archivos del MRE. En la misiva pedía por algunos nazis que habían caído en desgracia en el país sudamericano, a finales de los treinta, como si el embajador en Berlín algo pudiera haber hecho al respecto. La carta está dirigida a Tiergartenstraße N° 9, el Palacio Staudt. El trasfondo detrás de esa carta es, en realidad, mucho más largo.
Pero dónde estuvo, entonces, antes de ese año, la embajada argentina; mejor dicho la legación, ya que adquirió el rango máximo apenas en 1936.




De acuerdo a las Guías Diplomáticas, que gentilmente el personal del Archivo del MRE compartió conmigo, en épocas de la Primera Guerra Mundial la legación se hallaba en Blumeshof 16. En la guía del año 1915 podemos observar el nombre del Luis B. Molina como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, seguido por el de Eduardo Labougle, futuro embajador, secretario de primera clase. El AGN posee una extraordinaria fotografía de Labougle cenando en ese viejo edificio, totalmente ajeno, seguramente, a lo que podría acontecer un par de décadas más tarde en esa misma ciudad. No publico ahora esa fotografía ya que será parte del libro.

La calle Blumeshof ya ni siquiera existe en la Berlín moderna. Según pude averiguar, se trataba de una vía no muy importante ubicada entre la Lützowstraße y Landwehrkanal. Digamos unos setecientos metros hacia el sur del Palacio Staudt a vuelo de pájaro. Una zona no muy lejana de la cancillería, de todos modos, pero menos glamorosa que la calle del zoológico.

Fuente AMRE
Para 1919, la representación argentina, siempre de acuerdo a las Guías Diplomáticas aportadas por el mencionado archivo, se mudó a un sector más exclusivo. Tiergartenstraße 24, sitio referido por los documentos del archivo como la sede de la legación hacia 1919, está ubicado unos quinientos metros al oeste del sitio donde se hallaba el Palacio Staudt, la sede desde 1936. La calle de la intersección lleva allí hoy el nombre de Hiroshimastraße (hasta 1990 Graf Spee Straße), y justamente en ese mismo lugar funciona hoy la embajada japonesa.
Fuente AMRE
Para finalizar, las calles que cortaban la Tiergartenstraße en las inmediaciones del Palacio Staudt, destruido en 1944 por una bomba aliada, eran la Standartenstraße (actual Herbert-von-Karajan-Straße, donde se hallaban los cuarteles de las tropas de asalto nazis) y la Bendlerstraße (actual Stauffengerbstraße; para estos últimos dos nombres sobran las explicaciones).

Fuente AGN

El Titanic en medio de las sierras

Llegué a La Falda casi sin querer. Un tema familiar me liga a esa pequeña ciudad desde hace poco tiempo, y creo que voy a frecuentar bastante seguido el hermoso valle de Punilla.

Recortado contra el fondo de las sierras de los comechingones se levanta desde hace más de cien años el famoso Hotel Edén. Cuando fue construido en 1897, por un par de alemanes entusiastas del clima y el paisaje, aquel lugar era un páramo salvaje y desolado. Hoy La Falda es una ciudad turística pujante, con avenidas y decenas de hoteles rebosantes de viajeros.

Pero el viejo Hotel Edén sigue allí en el fondo del pueblo, contra las montañas escarpadas y las nubes bajas de diciembre. Parece un antiguo barco de lujo encallado en el fondo del océano. Los portones que llegaban hasta las vías de ferrocarril hoy se retrajeron a un par de cientos de metros de las hermosas escaleras de mármol y de la vigilante mirada de los dos leones de piedra.

La historia de este viejo edificio es muy conocida en Argentina, inquebrantablemente unida a la de los Eichhorn, quienes fueron sus dueños en su época de mayor esplendor. 


Breve Historia

Brevemente podemos reseñar que Roberto Bahlcke compró las 900 hectáreas que componían la estancia La Falda en 1897. Ese mismo año comenzó la construcción, y el tren que desde hacía poco tiempo llegaba hasta Cruz del Eje se detuvo por vez primera en las cercanías de Huerta Grande. Para el mes de diciembre la señora María H. de Kraeutner, recién llegada de Alemania, se sumó a la naciente sociedad. Producto de los créditos contraídos para llevar adelante la costosa construcción, el famoso Ernesto Tornquist ingresó también en el negocio.

Dos plantas a todo lujo. Arquitectura itlalo francesa, salones amplios y engalanados con los materiales más suntuosos y cien cómodas habitaciones. 


Las puertas se abrieron al público en diciembre de 1898. Para 1905 las perdidas eran insoportables y la sociedad queda disuelta. María H. de Kraeutner, que había regresado a Alemania en 1902 acordó con Tornquist hacerse cargo del negocio. Roberto Bahlcke, el principal impulsor del proyecto, se retiró para siempre. Kraeutner logró levantar las hipotecas y hacer rentable el negocio. 

La historia del Eden siempre estuvo ligada a los alemanes. La Falda es un pueblo de origen alemán, producto del loteo de sus tierras. Pero la sombra del nazismo comenzó a vislumbrarse recién en 1912, aunque en ese año Hitler apenas vagara por las calles en busca de que comer.

En 1912 los hermanos Walter y Bruno Eichhorn adquirieron el hotel. María H. de Kraeutner, probablemente cansada y deseosa de retornar a Alemania, otorgó interesantes facilidades para la adquisición. Fue entonces, al año siguiente, cuando comenzó el loteo de las 900 hectáreas que formaban parte de la propiedad. Los Eichhorn, notando que las ganancias serían exiguas para afrontar las deudas, recurrieron inteligentemente a la venta de pequeñas fracciones de tierras. Los alemanes se destacaban entre los primeros compradores, y una parte de los ingresos fueron destinados a saldar las deudas contraídas con Kraeutner. Según datos de Juan Pablo de Toni, el primer boleto de compra venta fue firmado por Emilio Werner.


El estallido de la Primera Guerra Mundial trajo el alivio a los Eichhorn. La alta sociedad porteña ya no pudo viajar a Europa con motivo de dilatadas y costosas vacaciones. Los lujos, las comodidades y la agilidad del ferrocarril pusieron a La Falda en el centro de las preferencias. Las ganancias se dispararon. Los incómodos y primitivos automóviles, desbordantes de turistas que se apeaban en los precarios andenes, recorrían el sinuoso camino hasta el hotel y llegaban jadeantes hasta los portones de hierro forjado. La época dorada había comenzado.

Con la llegada del automóvil, en 1916 los Eichhorn abrieron los primeros kilómetros del camino del cuadrado, que aún existe sobre las sierras, y a través del cual se puede llegar hasta Río Ceballos sin dirigirse a Córdoba. 


Luego de la guerra llega el prestigio internacional. Políticos, miembros de la realeza y hasta el mismo Albert Einstein, en 1925, visitaron el palacio de los Eichhorn en La Falda. Excursiones en las sierras, cancha de golf, piscina, cacería de zorro y todo tipo de actividades eran las grandes atracciones del Hotel. Famosos artistas traídos desde Buenos Aires, como por ejemplo Berta Singerman, se presentaban bajo un enorme eucalipto, ya desaparecido, en el patio principal, donde en un coqueto teatrino daba un marco inigualable. 

Los Eichhorn fueron nazis desde los albores del movimiento. Sus viajes a Alemania les permitieron estar en contacto con Hitler desde las horas tempranas. Y fue Ida Eichhorn, la esposa de Walter, quien tomó la iniciativa de unirse al partido antes que su esposo y su cuñado. La inscripción de Ida (N° 105408) data del 1 de diciembre de 1928. Más de cuatro años antes de la llegada de Hitler a la Cancillería. Walter fue el siguiente (N° 112823) y Bruno finalmente se adhirió al NSDAP el 1 de febrero de 1932 (miembro N° 905215). Ida y Walter estaban casi entre los primeros cien mil miembros de un partido que multiplicaba exponencialmente sus afiliados cada año. Indudablemente se encontraban entre los primeros afiliados radicados en Argentina, ya que el Landesgruppe local no se formó hasta el año 1932.


Pero la relación de los Eichhorn con Hitler fue más cercana todavía de lo que sus números de afiliados al partido puden sugerir. El Führer jamás olvidó la ayuda financiera que los prósperos empresarios hoteleras enviaron a Alemania en la época de las duras luchas electorales.
Los Eichhorn poseían el ejemplar número 110 de la edición de lujo del Mein Kamps de 1925, de tan sólo 500 en total. Llevaba, de puño y letra, la dedicatoria personal del autor. También existe correspondencia entre Hitler y los Eichhorn, en la cual el dictador da muestras sobradas de agradecimiento por la ayuda enviada desde la lejana La Falda.
En 1937, cuan Ida y Walter cumplieron sus bodas de plata, Hitler envío personalmente sus saludos desde Alemania.


Para los años treinta, el pueblo de La Falda, podría decirse, era una obra completa de los Eichhorn. Entre sus numerosos habitantes de origen alemán, el pensamiento nacionalsocialista, impulsado inquebrantablemente por los dueños del hotel, era una realidad palpable en cada recodo de esa pintoresca villa, que para 1934 poseía ya municipio propio.




Publicidad del hotel en la revista de la UAG (Unión Alemana de Gremios), "El alemán en Argentina"

Dijimos que fue Ida Eichhorn la primera en afiliarse al partido. Aquellas adhesiones fueron realizadas en Alemania. En 1932, un puñado de entusiastas partidarios de Hitler formó la filial argentina del NSDAP. Documentos de la División de Investigaciones de la Policía Federal denotan que el encargado de las relaciones con el partido nazi local, con escritorios en Buenos Aires, era Bruno Eichhorn. Ida y Walter parecen haberse reservado siempre para las ligas mayores. Mientras estos últimos tomaban el té con Hitler en Berlín, en mayo de 1935, Bruno se mezclaba con los altos dirigentes del Landesgruppe Argentinien. De acuerdo a los documentos mencionados, Bruno pertenecía a la sección “Asuntos Exteriores”, siendo designado dentro de esa división como “jefe superior de territorios argentinos”. Si los nazis argentinos buscaban alguien bien conectado para los asuntos extranjeros, sin dudas uno de los Eichhorn era el indicado. Incluso, los investigadores argentinos creían que Bruno participaba también de un desordenado intento de formar un estado mayor del partido destinado a dirigir algunas secciones de asalto al mejor estilo de las milicias S.A.


Los discursos de Hitler eran captados, según se dice, por una antena de onda corta montada en la amplia terraza y reproducidos en varios puntos del hotel.

Los nazis locales pronto se dieron cuenta, especialmente en la segunda mitad de los años treinta, de que engrosar las filas del partido local era algo que les traería muchos problemas. La idea impartida desde Alemania era la de conquistar el pensamiento de la comunidad germana, incluidos los hijos nacidos en Argentina, y enrolar naturales argentinos en el partido sería algo embarazoso. El movimiento se mantuvo siempre entre los 1500 y 2000 miembros. Pero las organizaciones alternativas florecieron por doquier, siempre con nazis prominentes a la cabeza.
Tal era el caso de Albert L. Meincke, quien vivía en La Cumbre, a pocos kilómetros del hotel, y era en el encargado de organizar, según parece, una pequeña célula al estilo de las S.A. 

Algunos nazis importantes estaban radicados en Córdoba, como Martin Rost, Karl Roth o Wilhelm Georg Minuth, entre otros, pero ninguno tenía la notoriedad de los dueños del Hotel Edén. 

Durante la Segunda Guerra Mundial los Eichhorn no sufrieron grandes sobresaltos. Pero luego del desagradable desenlace, y el rumbo elegido por Argentina, el hotel les fue expropiado como propiedad enemiga. Cuando fue restituido por Perón en 1947, quien supo visitar postreramente el hotel, el matrimonio germano había perdido ya su impulso empresario. En 1948 vendieron el complejo a una misteriosa firma denominada “Tres K”, que según el escritor Jorge Camarasa era una fachada de Juan Duarte, hermano de Eva. 

El hotel fue rematado en 1953 por deudas acumuladas. Cerró definitivamente sus puertas en 1965. La época oscura había comenzado. En 1970 se intentó convertir parte del edificio en un casino. Las dañinas marcas que dejó ese proyecto trunco pueden hoy verse en la estructura del edificio. Son cicatrices imperfectas de una época nefasta. Los saqueos y destrozos de los años de abandono no perdonaron siquiera a los viejos equipos electrógenos, que aun pesando toneladas pudieron ser robados gracias al empleo de camiones que ingresaban al hotel sin que nadie osara detenerlos.








Cien años no son nada

En 1998 el municipio adquirió el predio en otro remate. Un empresario local, que explota comercialmente el lugar, lleva hoy adelante algo que no se parece mucho a una restauración, pero que al menos permitirá conservar en el tiempo lo que queda de la antigua gloria de aquellas épocas. Una tarea pesada y respetable, si repasamos la suerte corrida por el Hotel Ventana, por ejemplo. 



Las partes restauradas, como por ejemplo el salón principal, nada tienen que ver, especialmente en los materiales utilizados, con el aspecto que tenía el edificio antes de sufrir los robos y saqueos. El mobiliario exhibido rara vez coincide con el que supo equipar en su momento al Edén. Extraños objetos de la década del cincuenta y sesenta desconciertan a quienes recorren los pasillos de pisos de madera, gastados de tanto tránsito. Del águila imperial de la azotea ha quedado apenas el aura invisible de su presencia. Al eucalipto del anfiteatro se lo llevó una tormenta espantosa de las que no había en aquella época, y una extraña bodega mezclada con una tienda de suvenires termina de completar la escena. Lo mejor que puede comprarse allí, sin dudas, es un pequeño librito de tapa verde que reza en su portada “Edén Hotel. El nacimiento de un pueblo”. No lleva firma, pero en sus entrañas uno puede descubrir el nombre de Juan Pablo de Toni, uno de los recopiladores de la valiosa información que lleva impresa en sus páginas; parte de ella ha sido utilizada en este texto. Destaca entre las fuentes del cuadernillo un libro extraño, posiblemente inédito, llamado “La Falda. Una cultura alemana de 1935.” Tal vez la pluma de los Eichhorn pueda adivinarse en las citas que exudan nazismo y orgullo por el pueblo de La Falda. No pierdo la esperanza de encontrar algún ejemplar de ese raro texto durante alguna de mis próximas visitas al valle de Punilla.



En 2015 un equipo de History Channel visitó el hotel. En uno de esos documentales, que hacen más daño a la verdadera historia que lo que enseñan, se dijo haber encontrado túneles secretos y otras yerbas. Sin embargo, como pasa siempre con estas cosas, en la nada misma ha quedado todo. Pero no voy a referirme a todos esos mitos. Mitos que tienen una importancia pequeña para quienes estudian seriamente la historia, pero una muy grande para muchos de los cientos de personas que visitan el lugar a diario y que nutren sus conocimientos con esos dudosos documentales. 



Llegamos al final de la visita. Estoy retrasado del grupo porque me he quedado anonadado con un patio cubierto en la planta alta. Un cerramiento de gruesas vigas de hierro aún conserva todos sus paneles de vidrio y hasta el complicado mecanismo de poleas con el cual se podía abrir la cúpula. 
La guía de turismo del hotel, que por cierto es muy amable, simpática y profesional, tiene un conocimiento fantástico sobre la historia del todo el lugar. Nos ha hecho pasar un rato muy agradable y nos ha enseñado de todo un poco. Muestra orgullosa a los turistas una fotocopia de los famosos Archivos del FBI, que mencionan al hotel como posible lugar de paso de algún jerarca nazi escapado desde Europa. Lo que no saben los distraídos turistas es que esos archivos son informes de avistamientos. Avistamientos de Hitler reportados por ciudadanos comunes en cientos de países, ciudades y pueblos de todo el globo. El FBI los acumuló de mala gana en una carpeta que fue de a poco engrosando su lomo, como las de pie grande, enanitos verdes y quien sabe que otras cosas. De todas maneras, qué puede achacársele a la guía; al igual que muchos de los cientos de turistas que pasan por el hotel, repite una historia que leyó en un libro o vio en televisión.
   
Fuentes:
  • Visita al Hotel Edén.
  • “Edén Hotel. El nacimiento de un pueblo”. La Falda, 2007. ISBN: en trámite.
  • Archivos de División Investigaciones PFA
  • Nazy Party Membership Records. SUBMITTED BY THE WAR DEPARTMENT TO THE SUBCOMMITTEE ON WAR MOBILIZATION OF THE COMMITTEE ON MILITARY AFFAIRS. UNITED STATES SENATE. MARCH 1946
Otras fotografías:


























Frente Alemán del Trabajo – DAF (UAG) en Argentina

Al contrario de los que muchos creen, el partido nacionalsocialista en Argentina no fue la organización nazi de mayor tamaño en el país. El Frente Alemán del Trabajo (DAF, luego Unión Alemana de Gremios). Contaba en 1941 con más de 10.000 afiliados, más de cinco veces más que el NSDAP. 

Son numerosas las historias que narran como los nazis colocaban un “recaudador” en cada empresa de capitales alemanes. El hombre en cuestión era el encargado de cobrar la cuota mensual, cuando no era directamente retenida del salario del trabajador (aproximadamente 1%). Los afiliados eran en su mayoría alemanes o sus hijos, pero es sabido de empresas germanas que retuvieron a trabajadores argentinos pequeños porcentajes que terminaron en las arcas de la UAG.
Fuente Archivo HCDN
El cambio de nombre tuvo que ver con la prohibición del NSDAP y de otras organizaciones nazis decretadas a finales de los treinta. De todas maneras, como en esa época en Argentina cada comunidad extranjera hacía lo que le parecía mejor para sus intereses, los nazis siguieron operando mediante un mero cambio de nombre. Ni siquiera se molestaron en nombrar un nuevo presidente. La organización era dirigida por Erwin Schriefer, miembro fundador del partido en el país sudamericano.
Revista de la organización
Esto es apenas una pequeña referencia al DAF – UAG, que en Alemania era dirigido por el famoso Dr. Ley. Sus actividades eran muy variadas. Desde la publicación de una revista llamada “El alemán en Argentina”, pura doctrina hitlerista, lo que era al fin y al cabo el gran objetivo de cada organización nazi en el país, el adoctrinamiento de la comunidad, hasta la recaudación de fondos para dudosos fines o viajes evangelizadores de súbditos germanos a la Alemania nazi.
Emblema del DAF presente en cada acto de los nazis en Argentina
Una noche de julio de 1941 la policía irrumpió en el viejo edificio de Alsina 1248-1250. Llevaban una orden de allanamiento. El cuidador se resistió al principio, pero poco pudo hacer para que los agentes del orden trasladaran al Palacio de Justicia todos los archivos, mobiliario incluido. 

Comenzaba la dilatada persecución de los dirigentes nacionalsocialistas en Argentina. Los tiempos felices de la UAG, esos en que hacían y deshacían sin preocuparse de las Leyes nacionales, habían terminado. 

Y el viejo edificio de la calle Alsina se resiste a morir, como si fuera el último reducto de los nazis en Argentina. Qué no habrán visto sus vetustas paredes.(Ver última foto)

Continuará... (En algún libro)

Adolfo Alsina N° 1248-1250 / 1941 (allanamiento en acción) - 2017